lunes, 20 de octubre de 2008


Estaba hoy, un dia cualquiera, hojeando una vez mas rajatabla...

consérvese jóven consérvese jóven consérvese jóven

La vida eterna no, la longevidad, tampoco, nada de esto lo ofrece la ciencia pero si por lo menos el privilegio de la vejez controlada, envejecer por partes, concentrar el proceso sobre miembros imprescindibles, por ejemplo, todo el aventajamiento transcurrido entre los veinte y los veinticinco años poder transferirlo al dedo pequeño del pie izquiero, y asi, ver como solo en cinco años este se infarta, se necrosa, se hincha, se retuerce, se desprende, y entonces, sentida pero íntima ceremonia, llevar las minúsculas falange falangina falangeta hasta su última morada después de haberlas visto convertirse materialmente en cenizas.
Entre los veinticinco y los treinta el proceso acaso mas serio pero pronto se aprende a disimular la cojera y basta inventar pretextos para no bañarse en público, al final, carpo metacarpo tibia y peroné, goce señor del descanso eterno pero que rapidez miren que de la noche a la mañana agusanarse mejor empezamos por el otro lado.
Según y como el temperamento se puede luego elegir entre la silla de ruedas o los miembros artificiales, difíciles de manejar pero sumamente prácticos. Ser diestro o zurdo decide la continuación del proceso, dedo por dedo, hasta que, bueno, se concluye con las extremidades y la decisión sobre cual parte del cuerpo debe envejecer se hace cada vez más delicada y al tronco se conectan bombas, filtros y alambiques que a vceces funcionan bien y a veces no.
Al fin, solo al fin, el proceso llega a la destroncada cabeza del adolescente, y esta, poco a poco-un grito generalmente acompaña la primera señal-se libra de la humillación de la juventud, en breves días comienza su acelerada redención, se va haciendo ya irreversiblemente ya indetenidamente ya declaradamente ya pútridamente ya gaseosamente, respetable.


y vaya que debemos envejecer, o mejor dicho,
que vivimos envejeciendo de juventud a diario


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